Maradona y Messi: la diferencia no es la educación, Sr.Blatter

El Sr. Joseph Blatter, presidente de la FIFA, acaba de sumarse a esta extraña costumbre de aprovechar cualquier circunstancia para criticar a Maradona. Esta vez, la excusa fue la nueva consagración de Lionel Messi como mejor futbolista del mundo al serle concedido por segunda vez el Balón de Oro. Con el galardón ya entregado, Blatter afirmó: “Los dos son excelentes, jugadores muy talentosos. No podrían tener más talento. La diferencia es la educación personal de cada uno. Uno todavía está en el fútbol, modesto, y no tratando de meterse en extravagancias. El otro lo hizo”.

Siendo el objetivo de este blog el reivindicar la figura de Maradona, vale la pena aclarar que ojalá Messi supere los logros que consiguió aquel en los terrenos de juego. Como el propio Maradona afirmó, eso no sólo implicaría un lugar de privilegio para el futbolista argentino, sino que además acarrearía con alta probabilidad la felicidad de la gente, bajo la forma de campeonatos ganados por la Selección Argentina.

Comparar a Maradona con cualquier otro que alcance el “título” de mejor futbolista del mundo sin tener en cuenta las circunstancias de uno y otro caso es un error. Maradona fue causa y consecuencia de la transformación del fútbol profesional, que pasó de ser un deporte a ser una parte central de la industria global del ocio. Los grandes futbolistas que antecedieron la irrupción de Maradona (Di Stéfano, Pelé, incluso Cruyff) nunca tuvieron que tolerar, por ejemplo, ni una décima parte del acoso que, continuamente, desde los 18 años, sobrelleva Maradona por parte de aficionados y periodistas. Las grandes figuras del fútbol mundial posteriores a Maradona (Zidane, Ronaldinho, Messi, Cristiano Ronaldo) ya debieron ejercer su profesión como engranajes de una industria que no deja librado al azar ningún detalle.

El fútbol profesional moderno tiene en el cuidado de la imagen uno de sus elementos característicos. Según el objetivo de marketing establecido, la “maquinaria” de clubes, sponsors y representantes puede tallar, mediante cuidadas estrategias de prensa, una imagen de atleta (Cristiano Ronaldo), de ícono de la belleza (Beckham), de “buen chico” (Messi, Iniesta), de religioso (Kaká), de “luchador” (Tévez, Rooney), etc. No es que la imagen pública de los grandes jugadores actuales no tenga nada que ver con la realidad. Por el contrario, se aprovechan rasgos propios, precisamente para hacer más veraz el mensaje. Lo que sí evita la “industria” es que llegue a nosotros cualquier tipo de elemento (“exceso”) que pueda menoscabar la imagen. Las palabras, los temas de que se opina (¿cuántas estrellas del fútbol mundial se permiten opinar de política, por ejemplo?), la ropa, las amistades, los lugares de reunión, entre otras cosas, son todas preocupaciones en manos de “asesores”.

Es obvio decir que Maradona careció de todo tipo de “filtro”, asesoramiento o plan de marketing. Principalmente porque la “industria del fútbol” no había adquirido aún  su forma presente: Maradona actuó en una época bisagra, en la que se cometieron errores que se corrigieron para con los que vinieron después (con el único propósito de maximizar el lucro, se entiende). La propia personalidad de Maradona, que nunca dudó en aprovechar su popularidad para expresar opiniones que él creía iban a favor de los más desprotegidos (la “voz de los que no tienen voz”) también le costó mucho en términos de imagen. Vinculado con esto, ¿quién puede esperar que un presidente de la FIFA –la “patronal” del fútbol- hable bien de Maradona, habiendo encabezado él el único intento de crear un Sindicato Mundial de Futbolistas?

Cuando él era niño, su madre tenía recurrentes dolores de estómago. De mayor, Maradona comprendió que ese dolor era provocado por el hambre, cuya madre no saciaba, a fin de poner algo en la boca de sus hijos. Ese innegable origen humilde y el no haber completado la educación secundaria no impidieron a Maradona aprender a hablar en italiano, a mantener entrevistas con el Papa y el Rey Juan Carlos, ni a hablar en la Universidad de Oxford, que le otorgó el título honorífico de “Maestro Inspirador de Sueños”.

Poner de relieve la falta de educación formal de Maradona, entonces, puede ser fruto de un descuido o ser un intento elíptico de recordarle sus orígenes de pobreza. Algo más sutil pero de la misma naturaleza que cuando algún idiota pretende insultar llamando “negro” o “judío” a alguien.

La diferencia entre Maradona y Messi nunca será la educación, del mismo modo que no lo puede ser con ningún otro futbolista (¿cuántos los hay con título universitario o estudios de posgrado?). El hecho diferencial clave entre ambos es la distinta circunstancia que cada uno tuvo que enfrentar, sin más guía que la propia intuición en un caso, y con el cuidado de toda una industria en el otro.

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