¿Qué es lo que tenía Pasman adentro?

Si yo fuera Juan Carlos Pasman, es decir, un periodista deportivo joven, de cierta notoriedad, habría tenido mucho más cuidado que él en la edición de mi primer libro (“La tenés adentro”, Ediciones Pluma y Papel, 2010).

La redacción es mejorable (en la página 132 se lee una oración de 15 renglones) y la argumentación es débil e incluso a veces contradictoria. Si lo anterior podemos disculparlo por tratarse de una primera experiencia editorial (a pesar de las muchas decenas de artículos escritos por Pasman en diversos medios), lo que sorprende es el excesivo número de faltas de ortografía. Por ejemplo, creo que todos los “por qué” están mal (confunde el “por qué” que se utiliza al preguntar, con el “porque” necesario para responder). Hay muchos acentos incorrectos (unos faltan, otros están donde no deben), nombres de jugadores mal escritos, se lee “absorvente” en lugar de “absorbente” (pág. 49), “nose” en lugar de “no sé” (pág. 84), etc.

El origen del libro es la grosería con la que Maradona se dirigió a Pasman en la olvidable conferencia de prensa del 14 de octubre de 2009, en Montevideo, momentos después de que la Selección Argentina lograra clasificarse al Mundial de Sudáfrica, cuando todo el país se recuperaba de tanto sufrimiento (“vos también la tenés adentro, Pasman”). Pasman dice que en aquel momento no se “rebajó a su altura con términos tan desagradables”.  Por eso llama la atención que el propio Pasman se permita utilizar en un libro de su autoría un léxico ordinario, con palabras tales como “puto” (pág. 70),  “me rompía las bolas soberanamente” (pág. 67), “hijo de puta” (pág. 108), “cagar a trompadas” (pág. 112), “mierda” (pág. 114), etc. El autor llega al extremo de decir en la página 100 que la “Selección Argentina sintió como una presión de un pene de cuatro cuadras”. Es cierto que dice “perdón por la grosería”. Maradona también lo hizo antes de decir en aquella conferencia “que la chupen”, pero a Pasman esa disculpa no le bastó. Nótese que Maradona utilizó imágenes soeces, pero ningún insulto ni palabrota. Pasman, aún con el reposo que permite la expresión escrita, sí lo hace.

El rencor, en algún modo comprensible, que subyace al libro, lleva al autor a tergiversar la realidad (es decir, mentir), afirmando, por ejemplo, que la Selección venía de “muchos años de tomar las Eliminatorias como un entrenamiento” (pág. 12), cuando lo cierto es que la clasificación para los mundiales de 1986 y 1994 fue aún más angustiosa que la correspondiente al torneo de 2010.

Pasman es ingrato, pues en ningún momento admite claramente que la poca o mucha fama que consiguió y la existencia del mismo libro (incluso su título), se las debe a su disputa con Maradona. Al mismo tiempo, como si se disculpara o admitiera implícitamente esa deuda para con Maradona, lo elogia en innumerables oportunidades (“el más grande futbolista que vi en mi vida”, “yo era Maradoniano”, etc.).

El texto pretende tener un aire casi pontifical, como escrito desde una posición superior y benefactora: “Este libro pone punto final a una disputa personal no deseada”, “demos vuelta de página”. No obstante, Pasman se permite echar sombras, sin explicarlas, sobre varias personas, como Fernando Gago (“no llegaba en las mejores condiciones a entrenar en Boca”; pág. 34) y Marcelo Bielsa (Marcelo Delgado habría renunciado a la Selección durante la etapa de Bielsa “horrorizado por las cosas que vivió y vio ahí dentro”; pág. 95).

Me queda la impresión de que el problema último de Pasman, lo que le resultó intolerable, es que Maradona, de reconocido origen humilde y sin estudios universitarios, le haya hablado del modo referido a un “nene bien que vivía en Rodríguez Peña y Juncal, iba al Colegio Champagnat y jugaba al fútbol en el Jockey Club”, como él mismo se autodefine (pág. 67).

En cualquier caso, 283 páginas resultan excesivas para cerrar una disputa de tan poca envergadura. Mucho más cuando en el subtítulo se promete contar “todo lo que duele saber del fútbol”, pero lo que se ofrece es apenas un conjunto algo desordenado y mal escrito de anécdotas e impresiones personales con el único punto común de intentar denigrar a Maradona. Tras leer el libro, me quedo sin saber qué era “todo lo que Juan Carlos Pasman tenía adentro”.

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