The New York Times dice “Gracias Maradona” (contras conversos)

Mi amigo Pablo me mandó este artículo del diario “The New York Times“. Fue publicado el sábado 3, antes del partido con Alemania.

Es interesante porque es el primer artículo que encuentro de un “contra” que admite su error. Al tratarse de un norteamericano, ese error es disculpable: nunca tuvieron por qué detenerse a pensar el significado de Maradona. Ni siquiera les gusta demasiado el fútbol.

Precisamente, es el desinterés futbolístico de Estados Unidos lo que da importancia a esta nota, en la que abiertamente piden perdón y dan las gracias a Maradona, “pase lo que pase con Alemania”.

A continuación traduzco la misma (un poco resumida) y al final la transcribo, para los que quieran leer el original, incluyendo el link.

Pido perdón a Maradona, un genio despreocupado

Por ROB HUGHES

Querido Diego,

Ya es momento de que nosotros, los críticos, digamos perdón y gracias.

Prejuzgamos tu desingación como director técnico. Creímos que Julio Grondona había perdido todo sentido cuando te pidió a tí, un decadente ícono sin “chapa” de entrenador, recuperar un equipo nacional roto, y liderarlo hacia la Copa del Mundo. ,

Pase lo que pase entre Argentina y Alemania el sábado, tu equipo ha sido la alegría del torneo.

Insuflaste vida en un era exageradamente cauta del fútbol. Tus jugadores -Messi, por suspuesto, y Carlos Tévez, Gonzalo Higuaín y otros — se olvidaron de la inhibición.

El talento es obvio, incluso para nosotros, fallidos sabelotodos. Tu grupo de jugadores  estaba claramente desbalanceado. Tenías más atacantes de los necesarios y muy poco defensores de buena calidad. Aún así, los más galardonados técnicos hubieran hecho lo que hizo Brasil durante el Mundial: defender con muchos y atacar esporádicamente.

Pero no Maradona. Tu liberaste al equipo, apostando por su fortaleza: atacar, atacar y atacar.

Y cuando diste rienda suelta a tu equipo, también nos liberaste a nosotros. Cuando tu equipo despedaza la cautela de los oponentes, nos sentimos como chicos, que todos quieren ser atacantes.

Tus gestos al borde de la cancha personifican eso. No nos confundes, Diego, con ese traje gris y tus zapatos lustrados. Podemos ver a través de ese atuendo formal a un hombre reviviendo su juventud. Un hombre que fue a Alemania, al último Mundial, vestido con la camiseta del equipo, apoyando desde la tribuna.

Ese entusiasmo nos recuerda que el fútbol es un juego simple. Tu equipo tiene una habilidad para atacar superior al resto, por lo tanto, ataquemos.

Suena, y parece, muy obvio. Alemania es un verdadero desafío, especialmente para tu defensa. Aún así, no estamos seguros de que te preocupe. Cuánto más lejos llegue tu equipo, más cerca estás de reventar el mito y la mística de que dirigir un equipo es una ciencia y que un técnico sólo puede tener éxito después de años de estudio.

No te imagino leyendo ningún libro acerca de cómo ser exitoso en tu juego. Tras haber estado en las calles de Vilal Fiorito, puedo entender que para tí los libros sean una tontería. Un manual de nada escrito por alguien que no fuera de ahí te habría sacado de aquel miserable, aunque en algún sentido feliz lugar. Tu talento logró eso. E ncluso los ingleses que sufrieron tu gol de la “Mano de Dios” tienen que reconocer el genio con el que superaste a seis hombres para marcar el segundo gol de ese partido: el Gol del Siglo. Un genio, jugando con sus propias reglas.

A pesar de todo, cuando Grondona (presidente de la federación de fútbol de Argentina desde antes de que cualquiera hubiera oído hablar de Maradona) te llamó para que seas el técnico de la Selección, todos nos sorprendimos.

¿Cómo va a funcionar eso? ¿Cómo va a poder un jugador que se autodestruyó con drogas y aparentemente incapaz de llevar su vida privada ser el guía de un grupo de jugadores que parecen perdidos y decepcionados por su propia federación? Críticos mejor situados, hombres que habían liderado a Argentina a sus dos copas mundiales, temieron por su país y por ti.

Muchos estuvieron de acuerdo con Daniel Arcucci, columnista de La Nación, que escribió el año pasado: “Puede ser que Maradona esté arriesgando demasiado, como siempre en su vida, incluso su condición de mito”.  Arcucci no estaba solo. Ninguno de nosotros se imaginaba lo que estamos viendo ahora.

Tu sabes, pero tal vez no te preocupe, que sólo dos hombres ganaros la Copa del Mundo como jugador y como técnico. Mário Zagallo jugó en Brasil en el Mundial de 1958 y fue el técnico en 1970. Franz Beckenbauer era el capitán de Alemania en la Copa de 1974, y fue el técnico en 1990.

Dijiste que tu mensaje a Messi fue simplemente decirle que nadie le dijo nunca a Maradona dónde jugar. Por lo tanto, tu tampoco podrías decirle a Messi dónde jugar.

Interesante, porque pensamoe que habría fricción entre el hombre que fue el jugador argentino com más magia y el único hombre que puede desafiar ese título.

Si esa es otra mala interpretación, es tiempo de hacer un mea culpa, en serio.


An Apology to Maradona, a Rollicking Genius

By ROB HUGHES

A version of this news analysis appeared in print on July 3, 2010, on page D6 of the New York edition.

Dear Diego: It is high time that we critics say sorry, and thank you.

We misjudged your appointment as coach. We believed that Julio Grondona, the 78-year-old president of Argentina’s soccer federation, had lost all sense of reason in asking you, a fading icon without a coaching badge, to pick up a broken national team and lead it through this World Cup.

Well, so much for so-called expertise.

Whatever happens between Argentina and Germany in Cape Town on Saturday, your team has been the joy of this tournament.

You have breathed life into an overly cautious era in the sport. Your players — Lionel Messi, of course, and Carlos Tévez, Gonzalo Higuaín and others — have blown away inhibition.

The talent is obvious, even to us failed know-it-alls. The group of players you inherited was clearly unbalanced. You have more forwards than you need, and too few defenders of real quality.

Even so, most certified coaches would set out to do what Brazil did during the course of the tournament — defend in greater numbers and attack only sporadically.

Not so Maradona. You liberate the team, play to its strengths, attack, attack, attack.

And when you give license the way you have to Messi, Tévez and company, you also liberate us. When your team rips apart the caution of opponents, we feel like children who all want to be attackers.

Your antics on the sideline personify this.

We are not fooled, Diego, by the gray suit and the polished shoes. We see through that formal attire to a man reliving his youth, a man of 49 who was the devil-may-care genius in 1986. A man who went to Germany for the last World Cup, dressed in a player’s jersey, cheerleading from the stands.

That enthusiasm reminds us that soccer is a simple game. Your team has superior attacking skills, so let it play to its nature.

It sounds, and looks, so obvious. Germany represents a real challenge, especially to your defense. Yet we’re not sure you care about any opposition. The further your team goes, the closer you get to stripping away the myth and mystique that team management is a science and that a manager can only succeed through years of study of the manual.

I don’t imagine you reading any books on how to be successful in your game. Having been on the streets of the villa miseria Fiorito, the slum you grew up in outside Buenos Aires, I can understand that books are hogwash to you.

A manual for anything written by outsiders would not have taken you out of that impoverished, but in some ways happy, place. Your skills did that. And even Englishmen who cursed the Hand of God goal you fisted in during the 1986 World Cup had to acknowledge the genius with which you outwitted six men to score a second in that game — the Goal of the Century.

Genius, playing to your own rules.

Still, when Grondona, the Argentine soccer federation president since before anyone had even heard of Maradona, turned to you as coach, we all flipped.

How could this work? How could a player who burned himself out on drugs, alcohol and an apparent inability to cope with life beyond the final whistle be the guide and mentor to players who appeared lost and disillusioned by their own national federation?

Better-placed critics, men who had led Argentina to its two World Cups, feared for their country and for you.

Many agreed with Daniel Arcucci, a columnist for La Nación, who wrote last year, “Maybe Maradona is risking too much, as always in his life — even his status as a myth.”

Arcucci wasn’t alone in that fear. None of us imagined what we are seeing now.

History is against your team going all the way.

You know, but probably do not care, that only two men have won the World Cup as a player and a coach. Mário Zagallo played for Brazil when it triumphed in 1958, and was the coach in 1970. Franz Beckenbauer captained Germany to the title in 1974, and was its manager in 1990.

What you are attempting is closer to Beckenbauer than Zagallo. Beckenbauer had no background on the sideline, no piece of paper verifying him as a tried and tested coach. Instead he had, and has, the aura of his status as his country’s greatest living player.

Zagallo was the opposite. An industrious winger in his time, steeped in the coaching ethos, he stepped in when Brazil’s federation fired João Saldanha weeks before the World Cup.

Saldanha was your type of guy, Diego. He loved irreverence; he debunked the coaching stereotypes. He let great players play. He shared with them a love of just being the best that a man could be.

You told us that your message to Messi was simply to say nobody ever told Maradona where to play, so you shouldn’t have to tell Messi where to play, either.

Interesting, because we thought there might be friction between the man who was Argentina’s most magical player and the only man since who might challenge that designation.

If that is another misconception, it’s time to say mea culpa, and mean it.

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One Response to The New York Times dice “Gracias Maradona” (contras conversos)

  1. lorena dice:

    muy linda nota aprendamos argentinos! la realidad q el futbol es un juego y este mundial fue hermoso porq teniamos a diego y todo un equipo que queria salir campeon con el alma y corazon y eso lo trasmitieron a millones de argentinos. fue un hermoso mundial el q nos dieron

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