Los dos goles a los ingleses, la ignorancia y la malicia

El programa “La Brújula”, de Onda Cero, es uno de los mejores de la radio española. Se destaca por el apropiado equilibrio entre simpatía, moderación e inteligencia de su conductor, Carlos Alsina, y el buen nivel de sus colaboradores.

En la “tertulia” de ayer, minutos después de las 22:00, Carlos Alsina, Ignacio Camacho, Antonio Casado y Albert Montagut, luego de admitir que el único gol de España ante Portugal había sido realizado en fuera de juego (“aunque por poco”, dijo uno; “una gota en un océano de buen juego”, dijo otro), conversaban sobre la forma en que se estaban relatando los partidos en la televisión española. Unos la consideraban exagerada, otros tenían una posición más comprensiva. En eso, se produjo el siguiente diálogo

(la versión completa puede escucharse aquí ):

I. Camacho: – Bueno, todavía no hemos alcanzado el relato de … que yo tengo guardado, tengo guardado en vídeo, aunque, en fin, es muy accesible en You Tube, del “barrilete cósmico”, el de Víctor Hugo Morales de Maradona.

(silencio general)

A. Casado: -¿Qué es eso? (con asombro)

I. Camacho: – Hombre, acordaros de la narración de Víctor Hugo Morales del gol famoso de Maradona a Inglaterra en el ’86, en el Mundial del ’86 …

A. Casado: – … el de la mano?

I. Camacho: – … no, el otro, el que regateó a medio equipo inglés …

A. Casado: – Ah, sí, sí, sí.

Me pareció una muestra excelente de los resultados de la permanente tarea de demolición -en unos casos intencionada, en otros no- de la imagen de Maradona. Unir en primer lugar el apellido Maradona al famoso gol con la mano (aunque no el único realizado de tal modo, aunque a veces diera esa sensación) es una frivolidad tan grande como vincular en primer término a Beethoven con la sordera, a Picasso con la poligamia o a Ronald Reagan con las películas de vaqueros.

Me explico: el segundo gol realizado por Maradona aquella tarde mexicana del 22 de junio de 1986 es considerado unánimemente el mejor gol de la historia de los mundiales. Dada la dimensión única de ese torneo (como puede comprobarse estos días), no es difícil considerarlo, como mínimo, uno de los momentos cumbres de la historia del fútbol, el deporte más popular.

Ese gol excede el terreno futbolístico para convertirse en un aporte a la cultura universal, entendida en el más amplio sentido, semejante a la conquista de la cumbre del Everest por Edmund Hillary, o al paseo de Neil Amstrong sobre el suelo lunar. Todos ellos son hechos que expandieron la frontera de lo que el ser humano es capaz de realizar.

El apellido Maradona debe ligarse, en primerísimo término, a ese segundo gol, del mismo modo que el de Beethoven debería asociarse a la Quinta Sinfonía, Picasso al Guernica y Ronald Reagan a la caída del Muro de Berlín y la derrota del comunismo. Sin negar otros aspectos de esas personalidades, hacerlo de otro modo sería una muestra de ignorancia, malicia o de ambas cosas a la vez.

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